Zapatos y príncipes

 

Hace mucho que tengo ganas de compartirles aquí el primer post que hice para Oe Moda por una u otra cosa no lo había hecho, ya saben, yo soy de momentos así que hoy lo “reedito” y ¡voilà!

¿Quién no se ha enamorado de unos cuantos zapatos príncipes?

Los zapatos son muy parecidos a ésos príncipes de cuentos de hadas, sí, todos esos que nos han contado desde chiquitas.  ¿No me creen? pregunten a Cenicienta, un “simple” zapato le cambió la vida, le dio un príncipe y a nosotras un cuento de hadas mas con el cual sufrir soñar.

 

Carrie-bradshaw-Fairytales

 

El momento sucede: Te paras frente al escaparate y la atracción es inevitable, si sí como con ése príncipe; sueñas con ellos, los quieres más que a nada en el mundo pero algunas veces simplemente parecen inalcanzables… y entonces sólo los miras de lejos…

Algunas veces sí tienes a los zapatos (como al tal príncipe) y de pronto, te das cuenta que no son tan fáciles de combinar o que “no te gustaban tanto tanto”, a todas nos ha pasado ¿no? Ya saben, no es lo que tú esperabas… no eres tú soy yo… blablablá…

 

Alexander Mc Queen

 

Ya lo decía Marilyn Monroe: “Da a una chica el par de zapatos correctos y conquistará el mundo”.

 

No lo podemos negar, cualquier mujer que se haya “subido” en unos tacones estará de acuerdo conmigo: te dan poder. Así de simple ¿Por qué? Es algo que los hombres jamás entenderán, cambia tu actitud, tu postura (ok eso es culpa de la física, la gravedad y ésas cosas, pero cambia, ¿no?) te sientes otra y por qué no decirlo, hasta te sientes más guapa y ¡segura!

Desde pequeñas, todas soñamos con que nos queden los zapatos de mamá y vamos por la casa “taconeando”. Nuestra madre, claro, con cara de espanto. Y aquí es cuando me dan ganas de correr a darle las gracias a la mía (o mejor le doy a leer éste artículo) porque yo sinceramente no prestaría mis zapatos…

También están los príncipes zapatos que sólo son para lucir, sí si aquellos que son tan hermosos que sólo puedes verlos (¡ni pensar en conversaciones profundas!). Son sólo para caminar del coche a la mesa, lo suficientemente lento como para presumirlos (en realidad es para no caerte) y después quedarte sentada toda la noche, porque si se te ocurre caminar “de más” sólo puede pasar una cosa: que vayas directito al suelo y entonces sí todo el mundo te mirará y no precisamente por tus zapatos.

 

carrie falls

 

Finalmente los  príncipes zapatos que te hacen pedazos, si sí te dejan el corazón los pies pulverizados, no puedes ni caminar al día siguiente (a veces duele mucho más que un día) y te prometes a ti misma que no volverás a caer… ¿También les ha pasado, verdad? (aquí si me encantaría leer un NO, ¡a mi no!).

En fin… son de esas relaciones-suicidas interminables. ¿Para qué les miento? Yo, seguiré usando mis amados tacones: ¿¿¿los “príncipes” seguirán haciendo de las suyas??? La respuesta correcta es no si aprendemos la lección, así que les dejo la pregunta: ¿La aprenderemos?

Besos, abrazos y magia

By @AnaQuéconQue

 

El artículo original lo pueden leer aquí 

 

 

Ana Qué con Qué

Creo que la belleza es universal y al alcance de todos, aquella que viene desde dentro y donde no importa talla, edad, peso, estatura o tamaño de curvas. "No estás totalmente vestid@ sin una sonrisa"

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