Cómo vencí mi resentimiento contra las mujeres y cómo hice las paces de una buena vez con (migo) todas

Las decepciones existen. 

A tod@s nos ha pasado que dejamos de confiar, hoy invitada al blog, Aydee nos explica lo que a ella le ha sucedido. L@s invito a que la lean. 

“¡Odio a las mujeres!” Si me hubieran dado una moneda por cada vez que le dije a mi madre o a mi ex mejor amiga esa frase, hoy tendría muchas monedas… y es cierto, en verdad: yo sentía aversión por la gran mayoría de mis congéneres femeninas, muy pocas mujeres eran dignas de mi aprecio o admiración y esto tenía una razón, por supuesto: desde muy pequeña quienes me hicieron llorar más fueron las mujeres. Así que lidiar con ése sentimiento, fue algo que tuve que trabajar mucho porque es maravilloso ser mujer, aquí les cuento como logré hacer las paces con todas las mujeres de mi entorno, y de paso conmigo misma.

“Todo comenzó a los 5 años”

Lo recuerdo claramente; faltaban pocos días para mi fiesta y estaba emocionadísima. Mis padres organizaron todo lo necesario para que mi fiesta tuviera pastel, juguetes, y todos los elementos para que fuera un gran evento, pero nunca contaron con que los pequeños invitados se negarian a ir ¿por qué se negaban los niños? Porque en mi edificio había dos gemelitas hijas del mismo satanás que me odiaban (palabras de ellas textuales) solo porque yo si tenía papá y mamá y ellas no, ya que sus padres vivían en otro país y las dejaron a cargo de su abuela. Esas niñas eran las que decidían en ese edificio quién si jugaba en “su grupo” y quien vería desde el rincón. Ellas fueron las encargadas de casi sabotear la fiesta y no lograron su objetivo gracias a que mi madre fue de puerta en puerta a ver a los padres de los otros niños del edificio para preguntarles por qué no iban sus hijos a mi pastel. Así, logré reunir a varios niños que, animados por sus papás, vencieron el miedo a ser excluidos del grupo de juegos de las gemelas diabólicas y fueron a mi cumpleaños. A las pocas semanas nos cambiamos de casa y nunca más las volví a ver. Pero ellas me enseñaron que las mujeres envidiosas o celosas son (somos) muy peligrosas.

“Mejor de lejitos por favor”

Ser una persona inocente te hace vulnerable: todo te crees y todo te parece posible. Cuando iba en la escuela, es decir: primaria, secundaria, prepa, y la carrera yo de verdad creía que tu mejor amiga era la mujer a la que le podías confiar todo de ti, y que ella guardaría celosamente tus secretos y sueños, que ella era casi como una hermana que te acompañaría toda la vida ¿qué importaba si otras mujeres me decían insultos por mi obesidad, o me criticaban por lo que fuera o me excluían de idas a pasear o a bailar si yo tenía a mi mejor amiga? Tuve varias a lo largo de los años, y todas se portaron del mismo modo: revelaban mis secretos, me daban la espalda cuando más las necesitaba, me cancelaban planes si les salía algo más interesante que hacer, me pedían dinero prestado que luego cínicamente se negaban a pagarme. Lo más impactante fue cuando, no solo una sino varias veces, incluso con mujeres de mi familia: se trataban de ligar a mis parejas a mis espaldas o en mi cara porque les resultaba insoportable que “la gorda” tuviera novio y ellas no…esto me hizo renunciar a la idea de tener amigas y me alejé de las mujeres.

“Somos mujeres adultas de palabra ¿O no?”

Mi trabajo se hizo popular, y muchas personas se interesaron en que trabajara con ellas, en especial una mujer que me buscó por cielo mar y tierra para que yo colaborara con ella, me pintó un mundo de éxito donde uniendo esfuerzos llegaríamos muy lejos y como me parecía una mujer sensata y honesta (era psicóloga)  tontamente bajé la guardia y le creí. Le conté mis planes, mis ideas y armamos (con muchas de mis ideas por supuesto) un mega proyecto que nos haría triunfar, me hizo lo que los hombres hacen cuando quieren conquistarte: me dio detalles, me hacía llamadas, me apoyaba y echaba porras y caí, me hice su “socia” pero en realidad ella quería una súbdita, mujeres como ella en las películas son siempre “las populares” las que tooodo mundo quiere de amigas aunque el precio a pagar sea volverte un títere. Yo, en cuanto lo detecté, me negué a obedecerle, ella no dudó en ejecutar su castigo hacia mí: excluirme de todo el círculo de trabajo y amistades que ambas teníamos, ella se quedó con los mejores proyectos y se deslindó de las obligaciones adquiridas por ambas, yo tontamente nunca la hice firmar ningún papel o acuerdo porque según yo ambas éramos mujeres adultas profesionistas de palabra… aún sigo pagando a meses con intereses ese error de confiar en una mujer “amable y buena onda” y mi rencor creció mucho más, literal el color rosa me daba urticaria, y llegue a bloquear a todas las mujeres de mi fb, yo ya no confiaba en ninguna mujer, no soportaba sus charlas “superfluas” sus risas chillonas y falsas, sus ganas eternas “de hombre”. Dejé de ir a fiestas y en el gym no le hablaba a nadie del sexo femenino y menos si tenían cara de adultas “maduras y responsables” y así hubiera seguido para siempre si en mi camino nunca se hubiera cruzado la pequeña Naomi.

“Es bonito ser mujer así que hay que disfrutarlo”

Naomi tenía 6 años y unos ojos oscuros que brillaban cada que se moría de risa por los corajes que le hacía pasar a su mamá cada vez que le robaba sus pinturas y se maquillaba con ellas, era una pequeña diablilla a la que yo le daba clases. Ella me hizo revalorar lo positivo de ser mujer: la alegría femenina, la coquetería, la empatía, nuestro instinto maternal, la unión y fuerza entre nosotras, nuestra voluntad femenina que es imparable si se trata de lograr un objetivo y nuestra femineidad…esa pequeña siempre decía “me encanta ser mujer” a mí me daba mucha gracia oírla decir eso tan chiquita y le preguntaba por qué, ella siempre me daba respuestas variadas pero su favorita era “porque casi todas las mujeres somos buenas” y escuchar eso me hacía pensar que quizá si había mujeres buenas… me obligue a hacer una lista de todas las mujeres buenas que conocía en persona y la lista fue de un tamaño decente, y eran mujeres que yo rara vez veía: mis tías, mi abuela, mi madre…mis primeras maestras de vida.

Reconectar con mi lado femenino ha sido un trabajo de un día a la vez, aún tengo pocas amigas, pero las que tengo son geniales así que es cuestión de  ser paciente, esforzarte en tu también ser una buena amiga y ser autentica.

Es muy lindo ser parte de un grupo de mujeres, y ser respetada o querida, pero es más bonito poder querer a las mujeres de tu círculo, así que elígelas con sabiduría y lo más importante: ¡Quiérete también mucho a ti misma!

Atte: Aydeé treinta

Blog chica plus México

Las invitamos a leer la edición completa de #mujeresenacción

  1. ¿Las mujeres asustamos a los hombres? De Ana de Qué con Qué.
  1. Lo que me enseñaron de ser mujer (y lo que yo he aprendido), de Cris.
  1. Mamá joven… Más exitosa que nunca, de Nelly.
  1. Conectando con el yin, la energía femenina de recibir, de Bianca.
  1. 5 retos femeninos a los que se enfrenta la mujer actual, de Jazz Mendoza de The Pink Point.
  1. Ser mujer en una ciudad de acosadores, de Marly
  1. Por qué elegí no ser madre, de Glam Weddings
  1. Mujer multitask, de Ale.

 

Colaborador

Este espacio es para personas que en algún momento colaboran con Qué con Qué. Son invitados a escribir en este blog y tratar los temas desde su punto de vista. Los artículos presentados en esta sección representan únicamente la opinión de su autor no la de Qué con Qué.

3 Comments
  1. Hola Aydee, infortunadamente aun no entendemos que las mujeres debemos apoyarnos entre nosotras, si los hombres se cubren entre ellos porque nosotras no?? Tenemos esa vena de envidia y celos porque nos han hecho creer que si no eres la mas bonita o la mas inteligente simplemente eres del monton. Habemos mujeres honestas Aydee, las que la vida nos ha enseñado a golpes que asi como el corazon, la confianza hay que dársela a quien se lo merece.

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