Todos hemos perdido la sonrisa

Querida Princesa Deshilachada:

No creo que exista una sola persona en el mundo que pueda decir que jamás ha perdido la sonrisa, el aliento o el corazón por alguien. Es parte de eso que dicen nos distingue como seres humanos, quienes perdidos en un extraño raciocinio hemos ido devaluando esos sentimientos que por centurias fueron inspiración.

Pero entonces, ¿hemos dejado que alguien nos corte las alas? O más bien, ¿nos las cortamos nosotros solos? En un lenguaje más “de sapo”, creo que muchos llegamos a la guerra sin estar preparados para ella. Somos nosotros y no otra persona, quienes nos cortamos las alas de un jalón, de tajo y sin resistencia.

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Llegamos a esa batalla con incertidumbre. Nos ponemos nuestra mejor armadura, esa que brilla y ciega a quien tenemos enfrente, escondiendo así nuestras alas. Si esa batalla fuera la vida, llegaríamos muchas veces derrotados. Entonces, en ánimo de ser sinceros te reviro la pregunta, ¿teníamos alas o más bien ya llegamos sin ellas?

Desgraciadamente, esta respuesta sólo te la dan los años. Nadie más.

Ahora, ¿cómo un sapo recupera un corazón? Una pregunta complicada de responder, pues cada quien tiene una visión muy distinta de la vida y el amor. Pero para ti -y quien nos lee-, te diré que creo que la forma más fácil de recuperar un corazón es: simplemente no perdiéndolo.

Un corazón debe tratarse con amor, cuidado y sin armaduras.

Un corazón se ilusiona, late y crece al ritmo que sus alas se despliegan. Un corazón respira y vibra. Sin embargo, cuando nosotros cortamos las alas a ese corazón, comenzamos a hacerlo frágil. Hacemos que tenga miedo de pensar primero en él y deposita sus esperanzas en otro. Quiere volar con alas ajenas, pese a que la razón le dice que está en peligro.

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Ahí es cuando nuestro corazón, Princesa Deshilachada, se rompe. No soportó volar con otras alas y menos en otros horizontes que no eran los suyos. Perdió su esencia. Un corazón roto nunca vuelve a unir sus piezas de la misma forma, siempre queda un hueco; y claro, perdió las alas y se niega a aceptar que pueden crecerle unas nuevas.

Para terminar, te dejo esta frase del libro “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu, misma que creo aplica en este terreno:

“Los guerreros expertos se hacían a sí mismos invencibles en primer lugar, y después aguardan para descubrir la vulnerabilidad de sus adversarios”.

El Sapo Qué con Qué

Soy el Sapo Qué con Qué, respondo a la Princesa Deshilachada y a todas aquellas mujeres que no entienden el universo masculino, desde mi trinchera las cosas se ven distintas. Hombres y mujeres somos universos paralelos pero diferentes en extremo, entendernos es quizá misión de vida.

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