¡Quiero ser niña otra vez!

Este es el mes del niñ@ conectar con nuestro niño es un tema, este mes tenemos una excelente invitada a la que no puedes dejar de leer.

Por: Cris Mendoza

Un día te das cuenta de que no está tan padre ser grande.

De niñas y niños, queríamos crecer. Al menos yo sí. Soñaba con ser la adolescente que tiene aventuras, un enamorado en cada rincón y amigas glamurosas. Entonces creces y la realidad te alcanza: no es tan divertido como pensabas. Lo único que viene a tu mente es: ¡quiero ser niña otra vez!

No sé si les pasa a ustedes, pero yo he dejado de permitirme tantas cosas porque “ya soy grande”. Y me gustaría, a veces, irme unos pasitos hacia atrás para dejar de hacerlo.

¡Más helado, por favor!

En la adolescencia comenzó la pesadilla contra la báscula. ¡Chingada báscula! Contaba calorías como si no hubiera mañana y los Choco Roles eran casi casi un premio que me daba una vez al año. Me limitaba tanto. Aún así, mi hipotiroidismo me hizo aumentar 22 kilos en como cuatro meses (sí, CUATRO) y no había manera de ganarles a esos cachetes que me sonreían tristemente en el espejo.

¿Y saben qué pasó? No bajé ni un gramo. NADA. La batalla contra la comida no me dejó más que frustración en la adolescencia. Así que si pudiera comenzar por cambiar algo “de grande” hubiera sido mi enojo y frustración en este aspecto. Casualmente, cuando dejé de pelearme y permitirme más helado, mi cuerpo, ¡shhruuuuump!, ¡se encogió! Encontrar el equilibrio me ha hecho más saludable y sí, ¡denme más helado, OBVIO en barquillo!

Ser perfecta para destacar

La nota aquí es que ni de niña dejaba de intentar ser perfecta, ¡carajo! Si pudiera pedir este deseo sería: “Niña Cris, sé niña, ¡se vale equivocarse y hacer desfiguros!” Observo a los pequeños jugar y “hacer el ridículo” (que de ridículo no tiene nada, pero esto da para un texto completo) y, caray, ¡quiero ser como ellos! Como resultado de trabajar años conmigo misma puedo decir que ahora me permito hacer desfiguros. Quien me conozca recientemente puede no notarlo, pero a veces era súper uptight. De hecho, mi perrita, Cinna, me ha enseñado tanto a dejar la rigidez… “¡Niña Cris, se vale embarrarte y reírte y caerte y gritar y gozar! Vas a destacar justo por eso.” Y así es. Ahora que me permito todo esto, soy más feliz y la gente me reconoce por mi carcajada sonora y mis desfiguros, ¿quién lo hubiera dicho? Soy más libre.

No me despierten

Soñar despierta que no es lo mismo con vivir en la fantasía. Ah, qué complicado. Creo que no me permito soñar despierta con grandes planes, grandes aventuras, porque me da estrés y comienzo a querer manejarlo todo. Vivir en fantasilandia no me ha traído mucho, así que he confundido eso con soñar despierta. Con desear con la tripa y permitirme crear un futuro mejor para, así, trabajarlo hasta lograrlo. Porque luego luego pongo pretextos: siento que algo no va a funcionar. Paro el sueño en seco. ¿Y si en lugar de detenerme lo intento?

¡Mami, te necesito!

MUUUUUUCHAS horas de terapia, meditaciones, talleres para estar en contacto con mi niña interior, sueños, corajes, enojos, reconciliaciones después, puedo decir que sí, tengo una carencia de abrazos y de ayuda de mi mamá. Pero, claro, como soy grande, ¡qué ridícula pedirlos! Si todo lo que necesitamos está en nuestro interior, ¿para qué llamar a mamá? Pues ¿saben qué?, sí: quiero a mi mami. Quiero que me apapache cuando me siento malita de mi panza, cuando tengo el corazón roto y la desesperanza se convierte en una sombra constante. Quiero ver la tele con ella y que me cuente de su juventud para tener cierta paz que me hace falta. Decir “mami, te necesito”, es algo que tengo que aprender a expresar. Aquí tengo una cojera, la reconozco. Y me gustaría, sin importar mi edad, poder tomar el teléfono y decirle esto sin sentirme tan vulnerable (que lo disfrazo de “ridícula”).

Ser adulta tiene tantos aspectos maravillosos que no, no quisiera regresar el tiempo para volver a ser niña; lo que me gustaría, en cambio, es permitirme ser como niña, una y otra vez. ¿Se imaginan todo lo que podríamos ganar? Con nuestra experiencia acumulada y esa libertad de ser nosotras mismas, ¡cuánta felicidad traeríamos a nuestro día a día!

¿Qué les parece si en lugar de pensar ¡quiero ser niña otra vez! nos lo permitiéramos? ¡Hagamos el ejercicio! Ya sólo de escribir todo esto me siento más feliz, más libre, más YO. ¿Qué nos impide hacerlo?

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Con risas, jalones de pelo y sacadas de lengua,
Cris.

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Ademas puedes leer la edición blogger 3:

10 cosas que extraño de la infancia, de Ale Figueroa

La niña que no quiero dejar de ser, de Ana Qué con Qué

Bullet journaling, ¿Qué es y cómo nos puede ayudar a conectar con nuestra niña interior?, de Bianca Pescador

Ser hija de familia: ventajas y desventajas, de Aydée Chica Plus

5 rasgos de la infancia que deberíamos de conservar toda la vida, de Marly

Soy una mujer madura con responsabilidades, y me sigo divirtiendo, de Nelly Potenciano

A divertirse como enano, de Susana Porras de Glam Weddings

Aprende a desaprender lo que no te sirvió en tu niñez, de Jazz Mendoza

Colaborador

Este espacio es para personas que en algún momento colaboran con Qué con Qué. Son invitados a escribir en este blog y tratar los temas desde su punto de vista.

Los artículos presentados en esta sección representan únicamente la opinión de su autor no la de Qué con Qué.

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