No era para tanto

Querido sapo:

Hace 3 años que no tomo leche.

La dejé de tomar no por moda, ni por llevar una vida más saludable, tampoco por esa teoría de que después de X edad ya no la necesitamos, si me lo preguntan, yo escucho a mi cuerpo y la mayoría de las veces le doy lo que me pide –excepto cuando me pide que bese a Adam Levine, básicamente porque no lo he tenido en frente, no creas que por falta de ganas-.

Ok, ya en serio, dejé de tomarla porque me di cuenta que me provocaba dolores de cabeza –a veces hasta por 3 días seguidos- y me inflamaba el estómago.

Entonces, el precio a pagar por un cereal, una malteada o un simple capuchino era muy alto.

Sí, ya he probado la leche de almendras, de arroz, de coco y la de soya, pero es como querer un iphone y tener un android. No saben igual, no es lo mismo…

¿Por qué te estoy contando toda esta historia de la leche?

Simple, porque es muy igual a otras cosas que nos pasan en la vida: las idealizamos ya hablabas tú de ello en este post anterior. Y ¡Tenías razón!

Pero déjame seguir con la historia, llevo ésos mismos 3 años soñando con un capuchino –en una taza gigante, si voy a cometer el pecado, que sea en GRANDE– no lo había hecho porque uno nunca tiene tiempo de sentirse mal, no me apetecía programar un dolor de cabeza por los siguientes 3 días.

Pero hoy, mientras escribo estas líneas, por fin me estoy tomando ése capuchino ENORME sin importar las consecuencias.  

Es como cuando por fin tomas el teléfono, la computadora o lo que sea y contactas a ése Sapo o a ésa Princesa Deshilachada en quien llevas años pensando.

¿Y sabes qué? No era para tanto. Ni siquiera me terminé el capuchino, no fue nada de lo que yo pensé –claro, instantáneamente me dolió el estómago y ya veremos qué pasa con la cabeza…

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A veces, mi querido Sapo, idealizamos tanto a una persona, a una idea o a una cosa que cuando por fin la tenemos nos damos cuenta que no era lo que esperábamos ¿Me explico? ¿Tiene ahora sentido todo mi rollo del capuchino?

¿Cuántas veces le damos la carga de nuestros ideales a otra persona? Para después culparlos por no obtener la satisfacción soñada…

¿Cuántas veces nos enojamos por no tener algo pero cuando llega ya ni siquiera lo queremos tanto tanto…?

Las expectativas, la idealización o vivir en el país de las maravillas nos hacen mucho más daño que el dichoso capuchino en sí. ¿No lo crees?

Tan adicta al té como al café negro o las idealizaciones,

La Princesa Deshilachada.

 

Ana Qué con Qué

Creo que la belleza es universal y al alcance de todos, aquella que viene desde dentro y donde no importa talla, edad, peso, estatura o tamaño de curvas. "No estás totalmente vestid@ sin una sonrisa"

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