La frustración de saber que nada te llena

Querida Princesa Deshilachada:

Cuando era pequeño, me acuerdo al igual que tú y quienes nos leen, que nuestros padres o abuelos nos decían una frase que se convirtió en una especie de mantra que nos hemos tatuado por generaciones: “ya lo entenderás cuando crezcas”.

A la luz de los años que tengo (que no son muchos tampoco), me he dado cuenta que hay cosas que uno entiende hasta que creces. Una de esas tantas es precisamente lo que esperas de las personas y de la vida en general. Te vas dando cuenta que no puedes idealizar algo que ni siquiera tienes o conoces. Por ejemplo, piensas tanto en esa relación cuasi perfecta con “alguien”, en la que se mimetizan risas, abrazos y besos, para crear un mundo ideal y paradójicamente irreal.

Tu mente viajera compone una sinfonía musical especial para esa relación imaginaria, mezclando el romántico aroma del amor con el cavernícola deseo del momento ideal, en el que la piel se eriza con ese olor a feromonas y canciones románticas; sí, de Juan Gabriel por ejemplo. ¿Pero es esta la realidad?

Honestamente no, todo sale exactamente a como tú lo imaginas y es cuando llega ese sentimiento de frustración, de no tener lo que quieres o esperas, sino de conformarte con lo que realmente hay. No existen maripositas, tampoco campanitas, sólo una relación con altas y bajas, con incertidumbre y también amor. Una realidad que muy pocos pueden manejar.

Analízalo y quizá parte de ese sentimiento sea el miedo que cada uno de nosotros tiene por realmente mostrarse como es. Un mundo donde no expones tus angustias, debilidades y frustraciones, y que por ello tampoco se las exiges a tu contraparte. Todo el tiempo tienes miedo a perder lo que tienes, por eso es que idealizas todo el tiempo. Tú no puedes perder ese amor por el capuchino, pero tienes miedo a tomarlo porque te haga daño. Pero, ¿Qué pasaría si en lugar de tener miedo simplemente te lo tomas? ¿Qué pasaría si en lugar de tomarte la taza de un jalón lo haces poco a poco?

La vida es justo así: un vaso lleno de delicioso capuchino. Por eso te pregunto, ¿qué pasaría si en lugar de temerle a ese capuchino (que representa la vida), nos lo bebemos con gusto, sin idealizar su sabor, sino simplemente disfrutando el instante? ¿Qué pasaría si dejamos que ese aroma y riqueza nos cautive y su textura nos alimente los sentidos día a día?

Piénsalo y quizá el día que dejemos de idealizar, de aventar culpas al Sapo o la Princesa Deshilachada de nuestros infortunios, ese día viviremos felices y sobre todo seremos libres, pero de nosotros mismos.

Te dejo esta cita de Sir George Bernard Shaw, que definitivamente viene muy al caso:

“Del mismo modo que no tenemos derecho a consumir riqueza sin producirla, tampoco lo tenemos a consumir felicidad sin producirla”.

 

El sapo Qué con Qué

El Sapo Qué con Qué

Soy el Sapo Qué con Qué, respondo a la Princesa Deshilachada y a todas aquellas mujeres que no entienden el universo masculino, desde mi trinchera las cosas se ven distintas. Hombres y mujeres somos universos paralelos pero diferentes en extremo, entendernos es quizá misión de vida.

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