Mi historia: Terremoto México Septiembre 2017

Hace casi dos semanas que en la Ciudad de México tembló, en la misma fecha que hace 32 años, como si la naturaleza hubiera planeado un acto de terrorismo. Sí, permítanme la expresión porque así fue como se sintió; como un acto de terrorismo.

Cuando fueron los atentados de las torres gemelas yo estaba en Montreal, a 5 horas de Nueva York y desde ahí el cielo se tiñó de rojo por el fuego de la ciudad, comunicarse era complicadísimo y al día siguiente se percibía un miedo que yo nunca antes había vivido. Los militares canadienses revisaban las mochilas antes de entrar a la escuela, había retenes por todos lados y aunque no lo hice, las ganas de volver a mi casa eran enormes.

Hace unos años en Guadalajara grupos delictivos tiraron un helicóptero, incendiaron varios camiones en puntos de la ciudad etc… Yo también estaba ahí…

Alguna vez viví también un huracán…

Podría seguir contándoles historias dignas de una película de terror real que en su momento me robaron la tranquilidad pero…

¿Por qué les cuento esto ahora?

Porque el pasado 19 de septiembre para mí se sintió como un acto terrorista. Con la diferencia de que  no había a quién culpar, no había a quién perseguir, no había una fotografía de nadie para que la INTERPOL, LA CIA, EL FBI, LA KGB o quien ustedes prefieran, lo pusiera en su lista de los más buscados… Algo no alguien fue lo que nos robó la paz para insertarnos el temor.

Simplemente era la madre naturaleza, la tierra protestando…

Tengo que empezar por decirles que no me dan daban miedo los temblores, de hecho hace tiempo decidí seguir en la cama mientras temblaba, en el de la semana anterior, les contaba en Facebook mi experiencia y cómo me regresé por mil cosas antes de salir de mi edificio, mi inexperiencia a los temblores –pensaba yo…-

Pero ése día no fue igual a las experiencias anteriores, unas horas antes fue el simulacro y tengo que ser honesta, lo hice con desgano, yo no pretendía salirme del edificio pero una de mis compañeras de trabajo dijo: “Yo si lo haré, porque aquí no sé dónde es el punto de encuentro…” así que entre risas y plática salimos.

Al volver, le pregunté con la voz llena de valor: ¿Te dan miedo los temblores? Ella me respondió que no, pero que en la colonia Roma, donde estábamos –y una de las más castigadas por el sismo- se sentían muy feo, como si el suelo se volviera agua.

¿Quién nos iba a decir que esa conversación se volvería realidad?

No es normal que los martes esté yo en esa zona, tampoco quería quedarme hasta esa hora, pero preferí quedarme a trabajar ahí aprovechando que estaba concentrada…

De pronto, empezó a temblar, mi compañera y yo nos miramos, tomamos el teléfono y salimos rápidamente, no les puedo explicar con palabras lo que sentí, el piso se movía tal como lo dijo mi compañera: como agua. Sentí claramente los movimientos trepidatorio y oscilatorio, los coches estacionados y sin nadie arriba de ellos chocaban como si se tratara de los efectos especiales de una película… a lo lejos vi un edificio caer… mientras alguien gritaba: “Cuidado con los cables, cuiden que no se caiga un cable sobre ustedes” mis pensamientos se detienen ahí. Estaba sola, aferrada a mi celular que era lo único que tenía en la mano, alguien más pasó corriendo gritando: “hay fuga de gas en Medellín” y cuando por fin se había terminado lo que duró muchísimo tiempo…. entré lo más rápido que pude por mis cosas para volver a casa…

En el trayecto de regreso me derrumbé, sé el camino de regreso a la perfección, pero siempre pongo el waze, quizá para sentirme acompañada, para evitar el tráfico o no sé ni por qué… pero esta vez no había internet, no había señal y había que evitar la calle donde había la fuga de gas…

Volver me tomó 2 horas, en un trayecto que normalmente me toma 20 minutos, 40 si hay tráfico. Calles cerradas, mucha gente caminando, llorando, edificios con los vidrios rotos, tráfico por todos lados y la zozobra de no saber qué iba a pasar, el miedo de una réplica…

Cuando por fin llegué a casa, fui de las afortunadas que no sufrió ningún daño, las paredes un poco resentidas, pero nada grave ni qué lamentar. Y lo que más me preocupaba: mi perrhija estaba asustada pero bien.

Los días siguientes, como la mayoría de los habitantes de la CDMX y aun ahora, tengo miedo, suenan las sirenas de las ambulancias/patrullas, pasan helicópteros, y yo me sobresalto, la alarma de un coche a lo lejos y mi cerebro se altera antes de decodificar si es la alerta sísmica o qué… Camino por la calle y cualquier ruido estruendoso me hace estar alerta.

El sábado 23 volvió a sonar la alerta sísmica y yo sentía que la pesadilla no terminaba…

No pude escribir esto antes, repetía el texto en mi cabeza, lo borraba, lo escribía imaginariamente… no sabía cómo empezar, no me parecía prudente ni adecuado contarlo… no sabía en qué tono contarlo.

Así que decidí hacerlo desde mi pequeña parcela personal como un desahogo, en la sección de mi diario de este blog, así con los años podré releerlo y ver lo que hoy aun no puedo ver.

Lo que aprendí hasta ahora.

*Hablarlo ayuda, es difícil, quizá te den ganas de llorar, pero guardarlo no sirve de nada, háblalo, con amigos, en terapia, escríbelo, pero sácalo.

*Por más planes de contingencia, evacuación, escape que tengas al final lo dejas todo y sales corriendo.

*Mímate, ve una película linda, dibuja, come tu comida favorita, rodéate de personas que te quieran. ¡Necesitas sentirte bien, sin culpas!

*No estoy ni cerca de ser de las personas más afectadas, estoy bien, no me pasó nada –créanme que esto me lo repito una y otra vez- pero para muchos no basta. El miedo activó el estado de alerta en mi cerebro y en lo que se apaga necesito dar dos pasos para atrás, reconstruirme y volver a volar.

Hasta aquí termina hoy mi relato, donde he decidido hablar sólo de cómo fue para mí, porque repito, es un desahogo, no hablo de lo grandes que somos como país, ni de la solidaridad que se vivió porque esa es otra historia que merece un relato aparte.

Abrazos de luz porque ahora más que nunca los necesitamos.

@AnaQuéconQué

“No estás totalmente vestid@ sin una sonrisa”

Ana Qué con Qué

Creo que la belleza es universal y al alcance de todos, aquella que viene desde dentro y donde no importa talla, edad, peso, estatura o tamaño de curvas. "No estás totalmente vestid@ sin una sonrisa"

2 Comments
  1. Gracias por compartir tu experiencia y abrir un espacio para quien desee hacer lo mismo. Eso ayuda a sacar cosas que si se quedan guardadas pesan y duelen. Si se procesan sanamente aprendemos de ellas.

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