El dilema de la autoayuda

El día que vayas a una librería  -por fortuna, aún existen- observa cuántos estantes pertenecen a los llamados libros de ‘autoayuda’. Invariablemente encontrarás más títulos que cualquier género de novela. Me atrevo a decir que por cada cinco libros de autoayuda hay uno de  filosofía.

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¿A qué responde esto? Pues a la famosa ley de la oferta y la demanda. La librería es un comercio, y al cliente, lo que pida.

Los lectores buscan respuestas. La autoayuda es su gran cómplice y proveedora. Hasta ahí, todo parece estar en orden. Pero hay una diferencia abismal entre los conceptos autoayuda y autoconocimiento. Un enorme dilema, si consideramos que el primero busca respuestas afuera, mientras que el segundo las obtiene adentro.

Sí. La autoayuda es, en el mejor de los casos, una medicina. Te quita algunas molestias ¿Pero qué pasa cuando éstas regresan? Muy fácil: compras otro libro, porque el primero no alcanzó a curar esas dolencias; esas preguntas incómodas que no tuvieron respuestas.

Y así, los Best Sellers que estaban en esa librería, ahora descansan en tu casa. Su propósito pasó de la oportunidad del conocimiento a la certeza del simple adorno.

Si alguno de estos libros te ha funcionado –mejor aún, te ha cambiado la vida-  no me hagas caso. Aunque quizá te gustaría saber el Lado B de la historia.

Resulta que hay una modalidad en la que no compras la medicina literaria  -de entrada gastas menos-. Se trata del camino de conocerte a ti mismo; el que se recorre en la complicidad del silencio, y no en las palabras de alguien que quiere ayudarte, pero no te conoce.

¿Cómo te puede orientar alguien que no te conoce? ¿Tú te conoces? ¿Te has respondido a profundidad la pregunta, quién soy?

El autoconocimiento implica reflexión. Por supuesto, siempre será más fácil que alguien nos diga lo que debemos hacer.

Voy más allá. El autoconocimiento se nutre de la autocrítica. ¿Cómo podríamos conocernos sin saber de qué pie cojeamos?

Nada es gratis en la vida. Cada quien es responsable de crear un pensamiento crítico -Homo sapiens al fin-. Y eso cuesta. Así que, a pagar el precio. Y si me preguntas ¿Cómo le hago? Obviamente no tengo la respuesta. Lo que a mí me sirve, para ti podría ser un veneno para el alma, y viceversa.

Recorre ese camino. Aviéntate al abismo de saber realmente quién diablos eres… Mucha suerte.

Y si te quieres divertir con la autoayuda, mejor practica la bibliomancia: Agarra cualquier libro, hazle una pregunta y ábrelo en la página que quieras.

Al menos le agregarás un condimento esotérico al gran vacío de la existencia.

Por. El Sapo Qué con Qué 

 

El Sapo Qué con Qué

Soy el Sapo Qué con Qué, respondo a la Princesa Deshilachada y a todas aquellas mujeres que no entienden el universo masculino, desde mi trinchera las cosas se ven distintas. Hombres y mujeres somos universos paralelos pero diferentes en extremo, entendernos es quizá misión de vida.

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